Afinidades paisajísticas: BRENNENDES GEHEIMNIS (Secreto que quema, Robert Siodmak, 1933) y NIE YIN NIANG (La asesina, Hsiao-Hsien Hou, 2015).

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Si en la pasada entrada tratábamos sobre el clásico XIA NÜ (A Touch of Zen, King Hu, 1971), en esta nos ocupamos brevemente de una película muy influida por ella, tanto por su trama de artes marciales como por su uso del color y su registro del paisaje: NIE YIN NIANG. Y lo hacemos comparándola con otra película de una galaxia muy lejana, BRENNENDES GEHEIMNIS, que, en apariencia, nada tiene en común con ella. ¿Nada, de verdad? ¡Pues sí, algo hay!

 


Y es que, inesperadamente, NIE YIN NIANG y BRENNENDES GEHEIMNIS presentan, con sus ochenta y pico años y miles de kilómetros de distancia, un tratamiento fotográfico (no dramático) del paisaje asombrosamente próximo, de forma que muchos planos de la película china se antojan ecos de los de la alemana. Por supuesto, como quiera que Hsiao-Hsien Hou es un valor cotizado en el mercado actual de autores, media cinefilia se quedó arrobada con sus relamidos fotogramas (en planos bien largos, para no interrumpir el éxtasis), mientras que, como el Siodmak alemán es un director más bien poco conocido y aún menos prestigioso, que para mas inri trabajó en una época en la que abundaban los grandes, nadie parece recordar sus pasmosos paisajes de BRENNENDES GEHEIMNIS. Hsiao-Hsien Hou tiene por especialidad ofrecer imágenes más o menos exquisitas que, con su belleza de tarjeta postal, disimulan, siento decirlo, el mal cine que les sirve de excusa. Siodmak, en cambio, utiliza sus bellos paisajes para puntuar una narración que prefiere huir del arrobo estético por sí mismo para, en cambio, adherirse a sus personajes. 

 

 

 

BRENNENDES GEHEIMNIS es, en particular, la mejor película del director de su primera etapa alemana: un bellísimo melodrama, elegante y contenido, sobre el acre proceso de maduración de un niño que descubre la sexualidad…, a través de un falso amigo maduro que lo utiliza para aproximarse a su adorada madre y de las mentiras de esta para ocultar la comprometida situación. Tan escandalosa resultó, de hecho, para los nazis, que la prohibieron, y Siodmak se vio obligado a autoexiliarse. Una película que, lejos de los arquetípicos y ya cansinos sicarios, orientales o no, es toda originalidad y frescura, una bocanada de aire fresco.