EL CINE CLÁSICO NO ERA TAN CLÁSICO. LOS SALTOS DE EJE EN COUNSELLOR-AT-LAW (El abogado, William Wyler, 1933).

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Si William Wyler ha sido muchas veces clasificado como el típico director hollywoodiense, aplicado y obediente, tal consideración no deja de ser parcial y sesgada: parece que algunos se empeñaran en reducir la obra del alsaciano a sus títulos más populares, que no mejores, como puedan ser JEZEBEL (1938), MRS. MINIVER (1942) o BEN-HUR (1959). Ya no es cuestión de que apenas se conozca una porción importantísima (por cantidad y por calidad) de su obra; es simplemente que al cineasta se le ha aplicado constantemente un interesado baremo, cuando no una ceguera selectiva. Por ejemplo: comprendo que se prefiera (como es mi caso) la magistral THE MAGNIFICENT AMBERSONS (El cuarto mandamiento, O. Welles, 1942) a THE LITTLE FOXES (La loba, 1941), pero es poco menos que perverso que se elogie la primera como un desafío a las convenciones de Hollywood por el uso de sus planos secuencia (claro, es que es de Welles) y se acalle que esta estrategia ya había sido anticipada con brillantez por Wyler en multitud de planos larguísimos de THE LITTLE FOXES…; sólo que algunos tan sutilmente pautados, frente a los mucho más evidentes de su colega, que, al parecer, pocos han advertido su estilizada planificación.

 

Pues bien, tal vez el film de Wyler más sorprendente en su desprecio por el academicismo sea COUNSELLOR AT LAW, situada en una etapa tan desconocida de su autor como brillante, como bien corroboran títulos estupendos… y lamentablemente olvidados como THE LOVE TRAP (1929), HELL’S HEROES (1929), A HOUSE DIVIDED (1931) o TOM BROWN OF CULVER (1932), sin olvidar el precedente bastante anterior, en plena época silente, de THE STOLEN RANCH (1926). COUNSELLOR AT LAW, una de las mejores películas del director, destaca por el brío que Wyler imprime a la puesta en escena y la osadía con que utiliza muchos recursos. Y no porque toda ella transcurra en un único y asfixiante decorado por donde pulula una variada fauna humana: al fin y al cabo, Wyler repetiría el reto en la posterior y mucho más conocida DETECTIVE STORY (Brigada 21, 1951) con resultados decepcionantes. En COUNSELLOR AT LAW sorprende, por ejemplo, la cortante utilización del sonido que interrumpe conversaciones o ruidos al cambiar de habitación. Sorprenden sus decorados basados en barras horizontales y persianas venecianas que muchas veces aprisionan a los personajes, casi como en un Sternberg.