El recuerdo de una vida que celebrar

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Desde que las Navidades ya empiezan a comienzos de Diciembre, cualquier festividad se alarga y sino mirad el ejemplo del pasado Día de los muertos que nos trae “Coco”, otra brillante estrategia de Pixar junto al gigante Disney (que acaba de comerse a Fox con todas las posibilidades que eso ofrece) para amortizar la que ya es una de las películas de estas fiestas, sin contar el reciente y aclamado capítulo VIII de Star Wars entre otros.

 

Esta vez la compañía del ratón vuelve a tirar de exploración intercultural como hizo en el caso de la polinesia “Vaiana” (2016) para acercanos al colorido y vibrante folclore mexicano. Y aquí es donde un servidor encontró el primer rechazo. El motivo es que ya se estrenó una película de estilo y temática similar: “El libro de la vida” (2014), propiedad, curiosamente, de Fox. Ésta última, de  aspecto más titeril, partía de la competición entre La Catrina y Xibalba por velar el mundo de los vivos y la apuesta, como no, recaía en un joven triángulo amoroso. Más allá de su estética original y un argumento más propio del género romántico pero adaptado a los más pequeños, contiene una de las mejores bandas sonoras que he escuchado en mi vida. Recomendadísima aunque tan sólo sea para comparar ambas versiones.

 

Pese a todo le di una oportunidad a Coco puesto que la franquicia de los sueños no acostumbra a defraudar. Si bien la premisa de la historia sigue el típico esquema de perseguir un sueño que motiva la aventura donde se encuentran obstáculos que generan un punto de inflexión que finalmente cambia la percepción del protagonista en su vuelta al lugar inicial, “Coco” tiene algo que enamora a los espectadores (y no sólo  a los mexicanos que sienten un fiel reflejo de su cultura). La cuidada estética que humaniza a los personajes caricaturizados, la atención por ínfimos detalles  y la carga emocional que se vuelca en una historia simple y a la vez profunda hace que el espectador se vuelva niño, regodeándose con la magia que proyecta cada uno de sus fotogramas.

 

A todo ello se suma una investigación a todos los niveles, permitiendo reproducir escenarios tan emblemáticos de la tierra del tequila como las optimistas calles de Guanajuato o las festivas tumbas de Patzcuaro ¿Y qué serían de estas localizaciones sin embajadores de renombre como Frida Khalo, El Santo, Pedro Infante, Cantinflas, Jorge Negrete y Emiliano Zapata? Para ultimar el homenaje, solo queda unos caladores acordes de la guitarra autóctona.

 

Así, entre puro simbolismo y anécdotas propias de la industria, florece Coco, llena de mensajes sólo descifrables tras más de un visionado. El regalo perfecto para recordarnos que es posible salvar cualquier frontera por ideológica que sea, que nada muere mientras no se olvide y que hasta la muerte puede no ser el final de todo.

 

Por último aunque no menos importante ¿a qué viene el rechazo generalizado hacia el cortometraje de Olaf que se proyectaba junto a “Coco”? “Demasiado largo” o “banal e intrascendente para la (por otra parte, trillada) historia de Frozen” son las quejas más populares. Sin embargo esta historia transversal, además de amenizar la espera para la segunda parte, nos presenta nuevas canciones originales además de una desternillante aventura en solitario del personaje más querido de la saga. Así que no dejéis de buscarlo por separado ya que merece toda la atención y más en las reuniones familiares que nos esperan en unos días. Y tampoco os perdáis otro cortometraje: “El almuerzo de Dante” y a reír sin reservas. 

 

¡Felices fiestas y a seguir escribiendo, leyendo, compartiendo!