RESACAS DE LA POSTMODERNIDAD: DUNKIRK (Chrisopher Nolan, 2017)

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Si no fuera porque hogaño cunden los falsos genios como setas, me maravillaría el prestigio que arrastra Christopher Nolan, modesto director que debe su fama a su ingenio como guionista. Lo demostró con MEMENTO (2000), donde la original estructura se comía a las insustanciales imágenes. Lo volvió a demostrar con THE DARK KNIGHT (2008), el peor Batman desde que Tim Burton resucitó la franquicia. Reincidió en INTERSTELLAR (2014), de la cual, como de todas las películas suyas que he visto, por más pomposas que sean no me ha quedado grabada ni una imagen. Y DUNKIRK sigue sin ser ninguna excepción, por más que los amantes de los Grandes Temas hayan caído rendidos a sus metros de celuloide: ya se sabe que las denuncias de la guerra, mejor si adobadas con escenas impresionantes de mortaleras, concitan partidarios sin fin y que pareciera que sustraerse al encanto del apocalipsis fuera prueba de insensibilidad… o de ser un aguafiestas. A mí, sinceramente, Nolan no me emociona ni aun cuando me muestra a cientos de soldados muriendo de la forma más ridícula e injusta posible; ni siquiera me angustia con esos planos subacuáticos en los que tantos jóvenes perecen ahogados en el absurdo bombardeo.

Aparte de la rutinaria labor de dirección, hay en este film un exceso de digitalización, que provoca una, a mi juicio, excesiva nitidez que deja adivinar los tejemanejes del ordenador; un exceso de imágenes esteticistas y relamidas que se da de bruces con su supuesta calidad de film denuncia más o menos realista; y, en lo que supone una mala imitación por parte de Hoyte van Hoytema de las magníficas fotografías de Tom Stern (favorito de Clint Eastwood), un exceso de tonos fríos en el etalonaje que tiñe todo de un azul verdoso o un verde azulado, ¡hasta las sombras de un mediodía radiante! Eso, por no hablar de que con tan acerado look, van Hoytema quema más de un exterior que asoma desde un interior. Cerete.

 

Finalmente, hay una de estas pomposas bandas sonoras sinfónico-celestiales tan típicas del cine actual, cortadas por el mismo patrón y que aparentan sensibilidad sin tenerla.

 

Algo hay, no obstante, a favor de DUNKIRK: y es que se habla muy poco, lo cual es muy de agradecer en estos tiempos en que los actores no se dignan vocalizar, da igual en Hollywood que en España, en Francia que en Italia…, porque eso de comunicarse con el espectador parece que no va con ellos.